La Huella de los Cuidados

Hola!

¡Hola! Mi nombre es Julia. Este año he participado en un Grupo focal vivencial para hablar de los cuidados. A la vez que tenía curiosidad por saber qué era eso de un grupo focal vivencial también pensaba que no tendría mucho que contar. El caso es que a la vez que aprendimos sobre fotografía cada una contamos cosas de nuestra vida que tenían relación con los cuidados. ¡Todas sabíamos sobre el tema! ¡Todas habíamos cuidado! Aprendimos sobre interpretar y hacer fotografías, hablamos, reflexionamos, posamos, hicimos fotos y, lo más importante…¡nos reímos y disfrutamos!

Me quedé con el gusanillo, dándole vueltas a todo lo que habíamos hablado y aprendido (soy maestra y esas ganas de aprender nunca cesan). Como soy una persona curiosa, siempre me ha gustado mirar y analizar lo que veo, se me ocurrió que podía observar dónde estaban los cuidados…Pensando y pensando caí en que uno de los mejores sitios para ello, es un parque. Así que allí me fui y empecé mi investigación fotográfica.

PARQUE INFANTIL

Uno de los sitios en los que siempre pensamos cuando se habla de cuidados es un parque infantil. Allí vemos cómo las familias crían y educan a sus criaturas, donde les consuelan cuando se caen, donde les dan la merienda, donde les enseñan normas para que compartan y tengan empatía… Además, a veces veo como las familias también se relacionan entre ellas, se ayudan, se entienden, resuelven conflictos… En definitiva, crean red y conviven.

PISTAS DEPORTIVAS

Mira… antes venía mucho por aquí. Cuando los niños eran pequeños, traía la merienda y me sentaba en ese banco de ahí, el que ahora está medio roto. Jugaban hasta que se hacía de noche. Yo siempre estaba pendiente… que si el abrigo, que si el bocadillo, que si no se peleen. Nunca me daba tiempo ni de mirar al cielo. Siempre corriendo detrás de algo o de alguien.

 

Y ahora míralas, las pistas, llenas de gente que corre por gusto. Por gusto. Qué palabra más rara me suena, todavía. Porque yo, correr, he corrido toda la vida, pero no por gusto: por necesidad, por cuidar, por llegar a tiempo.

Cuidadoras profesionales

Siempre que veo a las profesionales que se dedican a los cuidados, pienso en lo esenciales que son y el poco valor que se les da… ¡Y qué condiciones tienen a veces! ¡Es que hay que cambiar todo de abajo-arriba! Las instituciones deben invertir y hacer que tanto la vida profesional de las cuidadoras sea digna como la vida de las personas que cuidan y acompañan.

Me pregunto cuándo nos enseñaron que cuidar no valía lo mismo que producir. Que cuidar era “natural”. Natural, dicen. Qué palabra más tramposa. Lo natural es que todas las personas estemos cuidadas y que tanto mujeres como hombres aprendamos a cuidar.  Trabajo invisible y cuerpos rotos. Radiografía del empleo de hogar y cuidados en España

Aunque cada vez está más regulado, las jornadas laborales de las personas cuidadoras son interminables. Me hace gracia, la ilusión con la que nos incorporamos las mujeres al mundo laboral, pero sin darnos cuenta que los hombres que nos acompañaban, no estaban preparados para el reparto de las tareas. Pasamos a trabajar dentro y fuera de casa, además de cuidar de las criaturas y las personas mayores. Física y psicológicamente, te destroza. Mujeres y triple jornada – Observatorio de Igualdad y Empleo

Las que cuidan son, casi todas, mujeres migrantes. Sostienen la vida de este país mientras el racismo les niega la suya. Altamente formadas, mal pagadas, sin papeles o sin descanso. Cuidan de todo… y nadie las cuida a ellas.  Libro Blanco sobre la situación de las mujeres inmigrantes en el sector del trabajo del hogar y los cuidados en España

Paseo

Cuando pienso en cuidarnos entre mis amigas, siempre se me viene a la cabeza un buen paseo hablando de nuestras cosas… Lo que hicimos ese día, lo que nos preocupa, los recuerdos, lo que hemos visto en la tele, algo que nos haga reír… La verdad es que suele ser el mejor momento del día.

Lugar de encuentro

Cada vez veo menos plazas donde detenerme y simplemente estar. Antes bastaba con aparecer: alguien te saludaba, compartías un momento, reías un poco, y la vida parecía más ligera. Ahora hay que buscar esos encuentros, esperar a que las personas implicadas organicen una actividad, un taller, un cine al aire libre… y aun así, cuando llegan, los disfruto como un pequeño tesoro.

Huerto

¡Lo que me gusta ver crecer las plantas y ver los frutos! Me encanta que se sigan manteniendo este tipo de iniciativas; así la vecindad participa junta en algo y cuida de nuestro entorno, haciendo que todo esté más verde… Parece una tontería, pero esto hace comunidad, crea lazos y cuida del entorno. Nunca me canso de notarlo: donde hay que cuidar, sembrar, sostener… ahí estamos nosotras.

El cuidado comunitario es así, silencioso, constante, invisible para la mayoría… pero sin nosotras, nada florece. Aquí se ve claro: cuando compartimos la carga, cuando cuidamos juntas, también construimos vida, alegría y resistencia.

Ecofeminismo y cuidados

Las mujeres cuidamos la tierra igual que cuidamos los hogares: con esfuerzo, con paciencia y con amor, aunque casi nunca se reconozca. Mientras otros ponen precio a todo, nosotras sostenemos lo que realmente importa: la vida, el alimento, los vínculos. Somos nosotras quienes mantenemos el mundo en marcha, aunque a menudo nadie lo diga.

Documental «Mujeres de viento, tierra y ganado» – Ganaderas en red

Mientras el sistema explota cuerpos y naturaleza, nosotras tejemos reparación. Con nuestras manos, nuestras palabras y nuestra dedicación cotidiana, sostenemos lo que otros rompen. Cada gesto, cada acción pequeña, es un hilo que une, que protege y que mantiene viva la vida.

El ecofeminismo propone educar la mirada para reaprender a habitar la Tierra: «Vivimos sin mirar lo que nos mantiene»

Cuidados en una vida

Observo y pienso en lo importante que es que se tengan en cuenta los cuidados de personas que necesitan cuidados especiales a lo largo de la vida o en algún momento de ella. ¿Qué pasaría si no cuidamos de las personas que lo necesiten por algún motivo? No podemos olvidar que nuestros barrios, pueblos y ciudades deben estar pensados para todas las personas, no solo para la producción y los coches…

kiosco

Al mirar el kiosco, he pensado en todas las mujeres que han tenido que renunciar a su carrera profesional, o que no han podido desarrollarla como habrían querido, por cuidar. En esa deuda que la sociedad tiene con ellas —y con todas las mujeres que suelen asumir más responsabilidades en los cuidados—, y en lo poco que se reconoce.

Cuidados invisibles

Mis nietas lo repiten, como antes lo decían sus madres: son ellas las que llevan la casa y la crianza en la cabeza. En mi tiempo nadie lo nombraba, se daba por hecho que era cosa nuestra. Dicen que ahora le llaman carga mental, y que seguimos llevándola nosotras. Ha cambiado mucho, sí… pero aún queda camino para que cuidar no pese solo en un lado.

Todo lo necesario para que la vida siga, gira en mi cabeza: la casa, la familia, las relaciones sociales, la gestión, los días… un hilo invisible que nunca se rompe. Me muevo entre mil cosas a la vez, pendientes de todos, recordando, planificando, sosteniendo lo que parece pequeño pero sostiene la vida que nos rodea.

Cuidar constantemente deja huellas visibles e invisibles: el cuerpo se cansa, la mente no descansa, y muchas veces nadie reconoce todo lo que hacemos. Si hubiera corresponsabilidad, la carga se repartiría, se compartirían tareas y decisiones. Es hora de que la sociedad deje de mirar hacia otro lado y reconozca que sostener la vida no puede seguir siendo solo nuestra carga.

Un simple “¿cómo estás?” me reconforta.

Cuando me cruzo con alguien conocido en el parque —casi siempre mujeres, que se toman un momento para preguntar— siento que alguien me escucha de verdad. Ese cuidado silencioso no es solo para mí: es un cuidado que necesitamos todo el mundo. A veces son palabras, a veces miradas o silencios compartidos, pero todo suma. Es en esos instantes donde el cuidado emocional se hace tangible, donde la vida se siente un poco más ligera.

La carga del ‘mankeeping’ o cómo las mujeres han acabado siendo las animadoras, secretarias y terapeutas no remuneradas de los hombres | Estilo de vida | EL PAÍS

Si echamos la vista atrás

Nos preguntaron en el grupo focal vivencial cuándo dejamos de ser cuidadas para empezar a cuidar. Casi todas recordamos que fue de niñas. Antes era así: hay generaciones que parecimos nacer cuidando. Qué importante es que nos cuiden de pequeñas y que nunca se olvide lo recorrido.

Autocuidado

A lo largo de mi recorrido he encontrado espacios donde he visto personas leyendo, haciendo yoga, escuchando la radio, mirando a la gente pasar, tomando el aire… Esto me ha hecho pensar en lo importante que es cuidarse y tomarse tiempo para una misma.

Red

A veces me detengo y me pregunto cómo he llegado hasta aquí, con tantos años, tantas vidas entrelazadas con la mía. Y lo sé: ha sido gracias a los abrazos compartidos, a las llamadas que llegan justo a tiempo, a los paseos donde la palabra se vuelve consuelo. He sido cuidada, sostenida, acompañada. Pero también sé que muchas mujeres dan sin recibir, que cargan el peso de otras vidas mientras la suya se detiene. Así hemos aprendido a formar parte del mundo: tejiendo redes invisibles que lo sostienen todo, incluso cuando nadie las ve.

Pienso que las ciudades también deberían cuidarnos.Que plazas y caminos fueran como las redes que tejemos las mujeres: lugares para encontrarse, descansar, sentirse parte. Un urbanismo que abrace, que escuche, que haga de cada rincón un espacio para vivir y cuidar juntas.

Ocupar los espacios también es una forma de decir “aquí estamos”. Cuando llenamos una plaza, un banco o un centro vecinal con nuestras voces, el silencio se rompe y la vida se hace visible. No solo compartimos tiempo: transformamos los lugares, los llenamos de sentido, los convertimos en hogar colectivo.

Ellas en la ciudad.

A las amigas, vecinas y compañeras que siempre están, que sostienen sin ruido. La vida se teje entre manos que cuidan y acompañan. Eso es lo que de verdad nos salva: la red invisible que no deja caer a nadie.

Mujeres que sostienen la vida de otras mujeres | Revista Crisis

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