No recuerdo la primera vez que cuidé de algo o alguien; simplemente imitaba a las mujeres que tenía alrededor. Mis hijas no han reproducido este patrón de manera tan fiel como yo, pero sí siento que lo llevan dentro. 🎙 PODCAST | Mujeres que sostienen a cuatro generaciones · UN TEMA AL DÍA
A veces me pregunto quién nos cuidó a nosotras cuando éramos pequeñas. Muchas crecimos aprendiendo a cuidar antes de saber qué significaba ser cuidadas. Las madres, las abuelas, las vecinas… se repartían entre el trabajo y la vida, haciendo malabares para sostenerlo todo. Quizá por eso muchas mujeres llevamos dentro esa costumbre de cuidar sin medida, como si hubiéramos heredado una tarea infinita. Y tal vez ha llegado el momento de preguntarnos también quién cuida de nosotras.
Pienso en todo lo que ha cambiado. Antes los cuidados eran una obligación silenciosa, un deber que se asumía sin preguntar. Hoy, poco a poco, empezamos a ponerles nombre, a reconocer que cuidar también es trabajo, también es sostén, también es derecho. Ya no se calla tanto el cansancio, ni se esconde el deseo de ser cuidadas. Hemos aprendido que cuidar no debería doler, que puede compartirse, que puede transformarse. No estamos donde quisiéramos, pero ya no estamos donde estábamos.
Mujeres cuidadoras y dependencia: las tareas que no están en el centro | Pikara Magazine
Nacemos vulnerables y dependientes y, en algún momento de la vida, podemos volver a serlo por diferentes razones. Los cuidados sostienen la vida y no se les da el valor que merecen. 🤲 CUIDADOS CON DERECHOS: hacia un nuevo modelo
A veces pienso que la palabra dependencia suena injusta, como si depender fuera algo malo. Pero ¿quién no depende de alguien? Todos lo hacemos, aunque no lo digamos. El problema no es cuidar, es hacerlo solas, sin tiempo, sin recursos, sin descanso. Porque cuando las instituciones se desentienden, el peso siempre cae en las mismas espaldas: las de las mujeres, otra vez. 🟡 Presentación de la investigación ‘Las trabajadoras de cuidados del Sistema de Dependencia’
Camino por el parque y pienso: ¿para quién están hechos estos espacios? Cada escalón sin rampa, cada camino imposible, me recuerda que la falta de accesibilidad no es solo un fallo técnico, sino una falta de cuidado. Cuidar también es construir un mundo donde todas las personas puedan existir y disfrutar de los espacios comunes. Observatorio sobre Feminismo y Discapacidad: “Urbanismo y Feminismo
A veces pienso que el cuidado se nos mete en la piel sin pedir permiso. No sabes hacerlo de otra manera. Cuando por fin tienes un rato libre, te da culpa. Te sientas un momento y piensas: “¿A quién le estaré quitando este tiempo?”. Como si el descanso fuera un lujo. Yo no sé cuándo aprendimos que el ocio era de otros. De los hombres, de los jóvenes, de los que no cuidan. Nosotras siempre teníamos algo que hacer, alguien a quién atender. Y si no, inventábamos una tarea. Como si el silencio pesara: Las abuelas que se rebelan ante el cuidado de sus nietos: «Volver a criar me parece que es excesivo»
Ahora vengo aquí a mirar. No juego, no corro, pero miro. Y me da un poco de envidia, sí. Una envidia tranquila, de esa que no hace daño. Pienso en cómo habría sido tener una hora para mí, solo para reírme, para sudar, para cansarme sin culpa. Quizá eso también sea cuidar: aprender a cuidar(se). Pero claro… a mi edad, una ya viene con muchas costuras hechas. Y no es fácil deshacerlas. La brecha de género en el ocio roba a las mujeres casi dos horas al día | Público
Dicen que el cuerpo habla, pero a nosotras a veces nos grita. El dolor de espalda que no se va, el insomnio, el cansancio que se queda incluso después de dormir. Lo llamamos “agotamiento”, pero tiene otro nombre: sobrecarga. Porque cuidar desgasta, y no solo las manos o las piernas, también el ánimo. Nos enseñaron a aguantar, a posponer la cita con el médico, a callar el dolor porque “ya se pasará”. Pero no se pasa. El cuerpo también pide cuidados, y nosotras también somos cuerpo. Impacto de los cuidados a personas en situación de dependencia en la salud y el bienestar de las personas cuidadoras | Instituto Matia
¿Es el paseo diario autocuidado? Yo creo que sí. Sólo por el paseo tengo la obligación de “arreglarme” y salir a la calle, cuidar mi apariencia y eso me hace sentir bien. Hay días que me da pereza, pero me animo a mí misma porque después me alegro. Salir, hablar, saludarse y andar: ¡Cuántos males no se curan andando! Andar me hace seguir sintiéndome ágil, libre e independiente. Mujeres mayores que caminan juntas
Cuando hablo con mis amigas y compartimos vivencias, nos sentimos apoyadas. Saber que estamos ahí y en quién apoyarme. Sobre todo, me gusta hablar con mis amigas porque tenemos historias en común. Hay quienes nos conocemos de toda la vida y otras que llegaron nuevas para quedarse.